sábado, 2 de enero de 2016

Viaje al comunismo.




Tal vez sea que estamos moviéndonos entre los días finales de 2015 y el inicio del 2016, pero lo cierto es que no dejo de recordar ciertos hechos que se repiten en la historia reciente de los míos. Quizás sea por aquello de escuchar “no somos…” ante el peligro inminente del comunismo a las puertas de una Europa que le menosprecia. Ante el conocimiento del Narcoestado que “reina” en Latino América y que también, de a poco en la Península, a través del dominio de feudos importantes, Madrid, Barcelona, Valencia, La Coruña, con una amenaza de expansión, sin importar el precio para alcanzar el tan ansiado poder.

No puedo evitar recordar cuando mi suegra planificaba viajar a Cuba, desde la Venezuela democrática, y le ayudábamos a hacer las maletas. Recogía de casa la ropa poco usada y que con toda certeza era muchísimo más necesaria a la familia quienes vivían con serios problemas de abastecimiento de todo tipo. Así que las maletas eran por decir menos, variopintas. Estaban cargadas de medicamentos, desde los más sencillos a los más específicos. Adicionalmente jabones, champú, cremas, tintes, hasta esos regalitos especiales que iba comprando mi suegra, casi que personalizados y que guardaba con recelo.

Cuando partía a su Cuba natal, debía ingresar por normativa de aquel entonces, y hablo de tan solo unos 20 años, con el pasaporte cubano en rigor. Imposible hacerlo con el venezolano, aunque lo tenía. Al entrar, en la aduana podía ser requisada, sus maletas revisadas y podían desde dejarle pasar sin más hasta quitarle todo, incluso tenerla retenida varias horas, como ocurrió en alguna ocasión. Por lo que hasta no tener noticias de ella, teníamos el alma en un puño, en una angustia silenciosa. Saber que estaba disfrutando con su familia, nos daba una gran alegría, más el pensar que había podido entregar esos presentes tan preciados para ellos, y que tendría unos días llenándose de esa energía que solo se obtiene desde y con la gente querida.

En mi memoria guardo otros recuerdos relacionados con la Isla, como el de una amiga que fue a un curso y al ver la necesidad de la población, de no tener ni jabón de ducha, dejaba la maleta entera al personal del hotel y volvía con una mochila con apenas lo necesario, con los recuerdos de las caras sonrientes entre miradas llenas de tristeza. También tengo presente tantas y tantas personas que planificaban en silencio su partida de Cuba. Esa gran suerte de “cárcel” en pleno Caribe. Si sus planes eran detectados quedaban sin trabajo y a merced del régimen castrista que podía llevarlos a la cárcel, por traición, en el mejor de los casos, o hacerlos desaparecer, sin más.

No puedo olvidar a los presos de conciencia. Quienes por disentir, por querer un país distinto están bajo las rejas de prisiones donde los derechos humanos son mucho más que letra muerta. Las celdas de castigo tienen las dimensiones de una persona en posición fetal, con una tubería que gotea un agua de color impreciso. Aislados de todo, de la luz, de las voces, del mundo, de la vida. Como la Isla, sumida en la miseria. Y todo ello a pesar que actualmente, y con la venia del mismo Obama que permite las bombas atómicas a Irán, se ha reabierto la embajada en La Habana, sin exigir cambio alguno en la política represora del régimen Castrista.

En 1998 un golpista venezolano, Hugo Chávez, quien había recorrido el país financiado por ilusos y esa Cuba castrista, tenía la posibilidad cierta de llegar al poder de uno de los países más ricos en reservas minerales del mundo. E hizo un pacto con los viejos dictadores, los Castro, entregando en bandeja a nuestra patria. Lo que ya había mencionado previamente en su discurso en la Universidad de La Habana en 1994, dos años después de su fallido golpe.

De forma incontestable ganó las elecciones, y tomó el poder como Presidente de Venezuela en 1999. Después de rodearse de personas de pro, fue progresivamente sustituyéndoles por militares quienes habían actuado en los golpes de 1992 y por comunistas, salidos de las guerrillas financiadas desde La Habana en los años 60’s o sus descendientes.

Eliminó la producción de un país en 15 años. Acabó con toda una generación haciéndola dependientes de un Estado todo-protector. Creó las llamadas “misiones” dirigidas directa e indirectamente por los cubanos, a través de las cuales daba “al pueblo” desde una supuesta “sanidad gratuita” (dinamitando el sistema de salud y los ambulatorios desde dentro), anteponiendo supuestos médicos cubanos a los egresados de las universidades venezolanas, médicos que no lo eran, pero sí adoctrinadores del “sistema”. También implantó las misiones Sucre y Ribas para instruir, supuestamente, y obtener en tiempo record, menos de un año el bachillerato, aunque apenas hubiesen alcanzado algunos grados de la Primaria. Adicionalmente, creó la Universidad Bolivariana de Venezuela, donde se dictan carreras con nombres rimbombantes y sin empleo seguro, pero vamos, “mi hijo fue a la universidad gracias a Chávez”. No podríamos olvidar las misiones que dan sueldos a amas de casa, sin haber cotizado nunca a la seguridad social, presos, o  por cualquier motivo, becas sin mérito alguno y ordenadores llamados canaimitas.

Especial mención tiene el haber financiado a manos llenas los candidatos en diferentes países del continente americano, a fin que “asaltaran el cielo” (¿os suena?), desde México (con López Obrador), a gobiernos como el de los Kirchner, Morales, Correa u Ortega, desde dinero directo a sus cuentas, o en aquellos maletines que todos recordamos, o fundando hospitales y colegios, mientras en Venezuela se van cayendo a pedazos y no tienen ni jeringas o bisturí, menos aún medicamentos básicos o especializados. Los petrodólares han pagado bien y a tiempo, cuando el barril se encontraba a más de $100, y mantenían al mundo en un escandaloso silencio cómplice. Y aunque la crisis, la inexistencia de un aparato productivo destruido por el chavismo, ha llegado ahora a su punto máximo, cuando ese barril apenas alcanza los $30, no nos engañemos, este sistema ha sido implantado desde hace ya 17 años. Es decir, muchos atribuyen el descalabro de la economía venezolana al desgobierno de Nicolás Maduro, pero olvidan que todo ha sido una consecuencia de miles de medidas tomadas durante el mandato de Chávez, quien desmontó el sistema productivo venezolano.

¿Pero en qué se sustenta un régimen que tiene absolutamente desabastecido a un país entero? En el llamado Poder Popular. Y no es que “el pueblo” se instruya para así aprender a controlar a quienes son nombrados gobernantes. No. Se les dan cuotas de poder a grupos “organizados” y armados, para ir controlando desde abajo a la población. Me explico:

Si estás en la aduana del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, puedes controlar a quien entra y sale, lo que lleva, y por supuesto a quienes lo llevan. Al estar todo sistematizado, y bajo listas (¿recuerdan la Lista Tascón?), el régimen Castro-Chavista tiene el control, conoce los movimientos de casi cada uno de los venezolanos. Así que si Usted desea salir del país, así sea por placer, entre conseguir las divisas, absolutamente controladas por el gobierno, pues está prohibido y penalizado su venta, y el atravesar la especie de “muralla humana” que son los militares de bajo rango pero con poder en la aduana, hay un duro y complicado trecho. En el mismo, pueden pasarte por máquinas de RayosX para supuestamente detectar contrabando, o “mulas”, requisarte y en ello llevarte la dignidad, o la obligación de colocarte enemas (pueden ser varios por persona), con lo que la violación está más que patentada. Mención aparte está el revisar el dinero que llevas, que te lo pueden quitar (robar), o el que traes, sin olvidar los artículos que puedes, al entrar al país y con el desabastecimiento existente, llevar a los tuyos, desde medicinas hasta artículos de higiene personal. En teoría debes declarar todo lo que ingresas a Venezuela, lo que puede ser un arma de doble filo, y en consecuencia, lo que puedas llevar (o enviar) no llegar nunca.  
Otro caso es el de las puertas de entrada y salida de los supermercados, está un personal destinado en cada punto por el régimen, a fin de controlar que quien compre artículos de la cesta básica (o los de la lista que así ellos han determinado), correspondan a los del día, es decir lunes quienes su número de documento de identidad terminan en 1 y 2, martes 3 y 4, y así sucesivamente. Y no contentos con ello, chequean al salir lo que has comprado, pudiendo requisarlo.

Esas son algunas de las cuotas del poder “otorgadas” al “Poder Popular”, ejercidas por muchos, quienes mantienen el sistema y son los que verdaderamente “mandan” en un país sin ley.

Hoy, en España, se habla en términos similares a los mencionados previamente por Hugo Chávez, desde 1998, referéndum revocatorio, fondo de emergencia social (y la ley de igual nombre), sueldo para todos… y peor, esos grupos “antisistema” apoyan sin miramientos a quienes están a favor con acabar con el país desde la secesión. Para lo que recurren, entre otras medidas, a creando una historia propia, ajustada a sus conveniencias, no tenemos más que irnos a la lógica polémica suscitada por el cambio de los nombres de las calles de Madrid.

El peligro siempre está allí, al acecho. Está pendiente del menor descuido de los justos. Pero como siempre digo, los cambios no vienen de la mayoría, y menos aún quien se apropia de una supuestamente “mayoría social” basada en el adoctrinamiento. Los cambios vienen desde la verdad, y de quienes a pesar de todo se empeñan en defenderle e ir en contrasentido.  


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