miércoles, 23 de diciembre de 2015

Seguimos aquí, como antes, como siempre




He de confesar que soy extremadamente sensible a los “cambios” políticos. Probablemente lo vivido me haga más reactiva a ellos.

Estos días en los que hemos estado imbuidos entre elecciones, promesas, presiones y amenazas, me ha tocado, por cosas de la vida, ir comprando medicamentos, jabones varios, champú, entre otros “detalles” para enviar a mi familia en Venezuela. Y no es que sea asunto solo de la inflación que está por encima de los 3 dígitos, y un salario devaluado en más de 600%. Sino que a pesar que pudieras tener el dinero en la mano, el “no hay”, como he mencionado otras ocasiones, es la frase común del venezolano.

Paralelamente escucho palabras que me han tenido lanzando advertencias, lastimosamente poco escuchadas o más bien, desechadas porque “no somos iguales”. Esa respuesta de quien se cree superior y que no le tocará la fortuna, o más bien la desgracia de un régimen comunista que conlleva a la miseria al pueblo, mientras los gobernantes mantienen sus arcas llenas. Palabras dichas por los venezolanos a los cubanos, llenos de horror a finales de los 90’s,con similares respuestas.

Hace unos 20 años repetía esta operación con mi familia, para enviar en los viajes a Cuba desde jabón, pasta dental, medicina hasta ropa. Todo lo que se pudiera. Hace 20 años yo vivía en una Venezuela distinta, donde existía un sistema productivo. Las quejas del ciudadano común eran en contra de la corrupción que campeaba a todo nivel. Algo que a todas luces habíamos permitido que ocurriese. No supimos poner coto, y pagamos las consecuencias.

Llegó un señor al que el pueblo miraba con buenos ojos, quien fue protagonista junto a otros de un golpe frustrado en 1992 contra la democracia, en donde murieron cientos de compatriotas, quien hablaba con esas palabras que todos querían escuchar. Un lenguaje llano, simple, lógico y poco elaborado. Al que se fueron plegando personas de diferente nivel social y profesional. Lo que muchos desconocían o no querían creer, es que ese mismo lobo con piel de cordero había estado preparándose en Cuba, bajo la vigilancia cercana de los viejos Castro, quienes tenían todo medido y calculado. Todo ocurrió después que le fue otorgado el “sobreseimiento”, sin inhabilitación política.

Así Chávez encantó con su flauta a ilusos, esos desilusionados por una democracia que mostraba su peor cara. Un momento de coyuntura que bien supo aprovechar. Una crisis institucional terrible. Mientras los medios de comunicación le dieron apoyo en todos los sentidos al candidato de la izquierda: económico, mediático, político. Podría decirse que estoy contando una historia reciente a más de 6000 km de distancia, pero repito, esto ocurrió en la Venezuela de finales de los 90’s.

Llegó con promesas como una constituyente para cambiar la constitución de 1961, para ellos obsoleta porque no contemplaba lo que deseaban. A pesar que sí contenía lo más básico, deberes y derechos, así como la división de poderes. Ese principio de Montesquieu. Habló de un referéndum revocatorio, existen miles de vídeos en las RRSS que lo comprueban, si no estaban de acuerdo con el mandatario, al solicitarlo, podía salir del poder y celebrarse nuevas elecciones. Pintaba todo “supuestamente movible”, pero realmente era un proyecto que quería asaltar el poder a través de las instituciones democráticas, para instalar el suyo. Su proyecto denominado “bolivariano”, secuestrando así el nombre de Bolívar para propios y extraños.

El pueblo venezolano se rebeló contra Chávez cuando mostró su verdadera cara. En el año 2002, se dieron marchas en donde se calcularon más de un millón de personas durante varios días. Ante el descalabro que se presentaba, la mayor empresa del país, PDVSA, y la tercera del mundo (¡¡LA TERCERA!!) decidió parar la producción a gran escala, dejando una de mantenimiento. Chávez salió del poder, existe una carta de renuncia que escribió de su puño y letra. Luego vinieron errores que nos costaron un trabajo de meses y muchos muertos, heridos y exiliados. Apenas vuelve al poder, PDVSA fue de seguidas desmantelada y más de 17.000 empleados echados de sus puestos. Muchos de ellos con pitos y unas Fuerzas Armadas que se usaron para sacarles de sus casas, en pijamas y de madrugada. Sin poder volver. Sin poder ser empleados por empresas públicas o privadas.

De inmediato la oposición se organizó para celebrar el referéndum revocatorio que ya estaba en la constitución de 2000. Se recogieron firmas que se llevaron ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), órgano rector de las elecciones en Venezuela. El sistema de votación se había informatizado, pasaba todo a un sistema digital a través del cual el régimen podía tener la información completa de los electores, así como de los firmantes quienes solicitamos el referéndum. Pasamos a una llamada “Lista Tascón”. Así, como les ocurrió a los exPDVSA a muchos los echaron de sus trabajos, otros no conseguían contratos o los trámites ante los organismos gubernamentales eran negados, los que progresiva y rápidamente eran tomados por “los cubanos”.  

Continuaban las protestas, usando medios democráticos para sacar del poder a quienes habían instalado una dictadura. Ingenuidad, inocencia, inexperiencia, candidez… quizás. Las voces que advertían sobre lo que realmente ocurría fueron silenciadas. Los presos políticos comenzaron a ser una realidad en un país que no era escuchado por los medios internacionales. El precio del petróleo se disparaba y el régimen CastroChavista podía pagar, bien y a tiempo.

En el año 2004 se celebró el referéndum en medio de esperanza, un trabajo largo, arduo y duro. Contábamos con veedores internacionales, entre ellos el Centro Carter. Ingenua oposición, ingenuo pueblo. Las colas para votar eran interminables. Quienes llegamos de madrugada votamos después del mediodía, con suerte. Otros pasaron las 12 de la noche. El gobierno amablemente, y a motu proprio alargó la jornada electoral. Entretanto todo se trastocaba. Los datos que tenía la oposición, donde se ganaba el referéndum para revocar el mandato de Hugo Chávez fueron cambiados. Pasadas las 4 de la mañana se dio la alocución por parte del CNE, mismos resultados, pero a la inversa. Es imposible olvidar ese momento, entre no entender lo que ocurría más la frustración de unos líderes opositores desaparecidos, se dio por bueno algo que terminaba de instalar una dictadura que no sabíamos cuántos años y hacia dónde nos conduciría.

Los días posteriores Venezuela los vivió en silencio. Las calles se movían a ritmo denso, pesado. Sin vida. En luto colectivo. No hubo celebración. Estábamos dispuestos a salir a defender lo votado, pero no hubo organización de nada. Desmontaron el sistema desde dentro.

Los presos continuaron y la violencia se adueñó de las calles. El llamado Poder Popular se hizo dueño de ellas, bajo el nombre de “milicias bolivarianas” fueron armados por el gobierno. Actualmente son quienes manejan el sistema de compra-venta de artículos por el “bachaqueo”. El sistema productivo no existe, las zonas industriales (polígonos) son áreas fantasmas de las ciudades. Un país que se autoabastecía en mucho fue llevado en 17 años a la miseria. Mientras ya casi dos millones de venezolanos forman parte de un éxodo insólito. De un país que recibió a tantos, a quienes hizo suyos. Que fue modelo de democracia. Un país que también actuó como árbitro en diferentes partes del mundo.

Hace menos de un mes se celebraron unas elecciones donde contra todo pronóstico, ganó la oposición. Pero no, “le dejaron ganar”, porque el gobierno viene perdiendo desde el año 2004, y eso lo saben muchos, a pesar de lo cual mantienen un silencio cómplice. Algo hay detrás de todo esto, lo intuimos, los sabemos, y poco a poco se va descubriendo. Lo que es un hecho, es que la "ruta de la droga" se mantiene casi que intacta... 


Ahora debo acabar de organizar “mi envío” a mi gente. En un futuro incierto, donde tengo la sensación que en mi tierra de acogida, España, pocos me escuchan. Se acaban de dar unas elecciones y el discurso se repite por un grupo antisistema, Podemos, cuya formación (o deformación) ha sido pagada por el Narcoestado con esos petrodólares que maneja Cuba en Venezuela. Todos saben que fueron preparados para ello. Todos conocen su pasado y poco les importa. Usan palabras adecuadas, un discurso simple, son “del pueblo para el pueblo”, premeditadamente. Y no estoy tan segura que los demócratas sepan cómo actuar. Es hora de los estadistas, los de verdad.

Mi familia cerró las puertas de su casa en 1961. Yo hice lo propio dos veces, en 2005 y luego en 2010 cuando aún tenía esperanzas que algo quedaba de la tierra donde nací y me formé.

Estamos aquí y seguimos dando la pelea. Como siempre decimos, cuando hablamos de nuestra Venezuela bonita, nuestro “pueblo”, estamos distantes pero no ausentes.

Estamos aquí, en esta España a quien decidimos querer como nuestra tierra desde hace casi once años. Sí, la querencia es distinta, pero enorme, porque conlleva una gran responsabilidad, pero que nadie dude que lo daremos todo. 
Como antes, como siempre. 

   


sábado, 12 de diciembre de 2015

A mis queridos alumnos


Mis queridísimos ex alumnos, o alumnos, porque así siempre les recuerdo, mis hoy "colegas", aunque no es una palabra que use mucho para llamar a quienes hoy son "Médico Veterinario" como yo, quienes con su esfuerzo, el de sus padres, familiares, amigos y compañeros hoy ve cumplir ese hermoso sueño, bajo las nubes de Calder, en nuestra gran Universidad Central de Venezuela, con el título en mano, con cada uno de sus nombres impresos, allí y también en el alma de cada uno de nosotros, quienes hemos sido un poco guías, profesores, compañeros y "aprendices", en esa magia que siempre se convierte ese momento en el que compartimos la enseñanza-aprendizaje.

Déjenme decirles lo henchida de emoción que me siento, creo que es tan bonito ver vuestras fotos con esas sonrisas que lo dicen todo, que lo llenan todo, que traspasa ese Atlántico enorme, que no respeta distancias… así que espero llegue a todos ustedes mi abrazo sentido, mi más profunda y emocionada enhorabuena. 

Permítanme sentir un poquito mío vuestro logro, aunque apenas les haya dado un pincelazo a ese gran mural que ahora tenéis enfrente vuestro, pleno de colores y luz, de un futuro incierto, pero con esperanza, porque van pisando firmes alcanzando poco a poco vuestras metas.

Nos os imagináis lo que he llorado al no poder estar allá disfrutando de esas caritas llenas de alegría de la buena. Pero he visto cada foto, de cada acto, desde la última clase, la Clase Magistral, las firmas, la entrega de Medallas hasta las del acto en el Aula Magna, bajo el grito al unísono de U-U-UCV. 

Les repito, estoy llena de orgullo, de emoción hasta la lágrima.

Fueron mi último grupo de alumnos en esa casa grande y hermosa, nuestra casa que vence las sombras. Que sepan que los recuerdo a todos, desde el primero cuando con apenas veintipocos años temblaba dando mis primeras clases, con quienes reí y lloré, con quienes compartí la vida, desde lo más complejo hasta lo más superfluo. Les tengo a todos y cada uno presentes en mi vida, porque son parte de ella. El himno de la UCV nos lo cantaban a mis hermanos y a mí, mi padre y mi madre, cuando apenas éramos bebés como canción de cuna. Definitivamente “los hombres pasan, pero las instituciones quedan”, y esa, nuestra casa, la UCV, está allí y estará para todos nosotros, hoy y siempre.


Se les quiere muchísimo. 


…qué placer cuando nos llegan esas sensaciones construidas de la materia intangible de la que están hechos los recuerdos, esa sensación dulcemente vivida o ese sentimiento exaltado, aunque sólo sea en la memoria, en ese lugar lejano donde habitan los sueños. La nostalgia no es triste, lo realmente triste es no tener nada que añorar.



martes, 8 de diciembre de 2015

Amanece en Venezuela



Quiero empezar este texto tomando lo último del post anterior:
“Para muchos, el día de hoy es histórico. Los números en negativo, la miseria, la violencia y el desabastecimiento parecieran pasar factura a este régimen. Pero los verdaderos héroes de esta jornada son esos anónimos, quienes están desde tempranas horas en las mesas electorales, como testigos y vigilantes de del voto, que se respeten los resultados finales. Son ellos los que están dando la cara, con la esperanza que aún se puede contra una dictadura todopoderosa. Son ellos, quienes hoy, allá, a más de 6 mil kilómetros de distancia están dando la pelea por cada uno de nosotros, quienes nos hinchan el corazón de orgullo patrio, de ser venezolanos, de haber nacido en esa tierra maravillosa que hoy vive sus días más aciagos. Pero a pesar de ello, siguen en pie, sin dar cabida al desánimo.”

En estos días en esta casa se habla venezolano, se pone el Pesebre y no el Belén, porque estamos de celebración. En mi casa, en esta España adoptiva y adoptada.
Y es que nos embarga una alegría enorme, porque hemos ganado. En la mañana de ayer, luego de apenas horas de sueño, de quedarme con el “celular” en la mano esperando noticias, que mi hijo me despertara con cara de circunstancia en plena madrugada sabiendo que su mami trabaja al día siguiente, y también que siempre tiene un país atravesado en la garganta y esta vez con una sonrisa en el alma.

Han sido años de lucha, de procesos de votación, de firmas, de paro petrolero, de marchas, de protestas, de bombas lacrimógenas, de lista Tascón, de cierre de fábricas, expropiaciones ilegales, de pérdida, mucha pérdida, de muertos, persecuciones, un país en la distancia e irreconocible, de angustia… En Diez y Siete años es la primera vez que volvemos a sentir que ganamos unas elecciones y se nos reconoce, esta ocasión nos era imposible participar desde el extranjero. Sin embargo, estábamos lejos pero no ausentes. Así, casi dos millones de venezolanos que hemos tenido que salir del país, por activa o por pasiva. Hoy todos estamos de celebración, aunque sabemos que hay mucho por delante.

Amanece en Venezuela, siempre amanece temprano, con olor a tierra fresca, a café recién colado, a arepa. Amanece calentito, con ese abrazo delicioso de mamá, con el sonido de los pájaros, con el hablar cantadito de mi gente bonita.

Amanece, y sabemos que aún están allí, esos presos políticos. Esas familias que han perdido sus hijos, que hemos perdido bienes y no sabemos si les recuperaremos, que nos separan kilómetros y hasta mares de por medio. Que la producción apenas existe y la productividad pareciera una palabra remota en libros extraños.

Amanece en un país donde los colectivos armados han tomado el poder de muchas zonas, mandan al ritmo de las armas que incluso portan niños. Estamos llenos de cicatrices y heridas sin curar, de mucho luto. Sabemos que esto apenas es un paso. Pero es una luz al final de un túnel al que no veíamos final.

Diez y siete años de adoctrinamiento y miseria.

Como en otras épocas, hemos vivido una hazaña épica que tiene nombres, miles de nombres de ancianos y jóvenes, de presos por un país que ha salido a la calle para dar oportunidad a ese cambio y dispuesto a defenderle. Allí estuvo la diferencia.

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”, Berlot Brecht.


domingo, 6 de diciembre de 2015

Hoy, Venezuela en contrasentido.



Más de 25 mil asesinatos al año, una cifra que desestructura cualquier esquema. Sin duda alguna, llevan al descalabro a cualquier sociedad. Lastimosamente, ese es el día a día de mi tierra, es la herencia que dejó Hugo Chávez con su “revolución bonita”.
Hace unos días, en plena campaña electoral “colectivos armados” asesinaron en una tarima a uno de los candidatos de la oposición al Parlamento venezolano, Luis Manuel Díaz. Una elección que se da hoy y llena las portadas de casi todos los medios nacionales e internacionales.


Los llamados tupamaros o colectivos armados son organizaciones paramilitares a quienes el Castro-Chavismo ha entregado el mando absoluto de las calles, a través del “poder popular”. La violencia es la que realmente dirige los destinos de Venezuela, son justamente “ellos” quienes manejan los hilos a través de secuestros, asesinatos, presiones, torturas, robos, invasiones… Hoy mi patria elige entre un país con futuro, o éste que es el presente, lleno de odio y sangre, que enluta toda la sociedad directa o indirectamente.

En la actualidad hay más de 70 presos políticos, entre ellos Leopoldo López el más conocido mediáticamente. Pero ha habido más, incluso quienes han sido secuestrados cuando protestaban por sus bienes incautados ilegalmente por el régimen, como Franklin Brito. Quienes ejerciendo sus labores y deberes han sido encarcelados y torturados, como María Lourdes Afiuni o Iván Simonovis.

Lo que hoy vivimos es el producto de 17 años de dictadura, de entrega al régimen de los Castro quienes tienen en los puestos de mando a sus “acólitos”. El sistema productivo del país se destruyó, fue “expropiado” por un régimen a quien poco ha importado el pueblo, le ha utilizado para enriquecer sus cuentas en paraísos fiscales. La “revolución” ha funcionado mientras el precio del petróleo estaba por encima de los $100 el barril, y podía tapar la escasez con productos importados, pero la incapacidad absoluta, la carestía en todos los sentidos se ha hecho patente en una país hipotecado, arruinado y con el petróleo que ha caído a más de 3 veces el valor, las empresas quebradas, sumado al enorme desfalco por parte de los dirigentes Castro-Chavistas.

Paralelamente, se han ido conociendo los nexos de éste régimen con el Narco Estado, al que pertenece, sus conexiones con los cárteles de la droga y con el terrorismo del Estado Islámico. Cuando el mundo aún estaba absorto por lo ocurrido recientemente en París, los venezolanos nos avergonzábamos que uno de los terroristas detenido en Londres le era incautado un pasaporte de Venezuela, y a su vez, dos sobrinos de Cilia Flores, esposa de Maduro llamada “primera combatiente” eran detenidos con más de 800 kilogramos de droga y pasaportes diplomáticos también venezolanos.

Mientras, ante el asombro de tantos, y a pesar de las largas colas que debe hacer el pueblo para conseguir los productos básicos, comida y medicinas, con una inflación que supera con creces los tres dígitos, sabemos que hay muchos quienes siguen trabajando en contrasentido en un país donde el futuro pareciera una palabra hueca. Del cual hemos salido casi 2 millones por razones políticas, de seguridad personal o jurídica, quienes le llevamos como un estandarte entre el duelo largo y constante de la “pérdida” de lo que conocemos como Patria, el acento “dulce” se vuelve un hablar mezclao, mientras se echa en falta el olor, los amaneceres, las playas, las montañas, ese café con conversa, y la gente, lo bueno y lo no tanto, la familia, los quereres. En este laberinto de hechos, nos tropezamos con el verbo “nostalgiar”, y quisieras estar ahora mismo allá junto a los tuyos.

Para muchos, el día de hoy es histórico. Los números en negativo, la miseria, la violencia y el desabastecimiento parecieran pasar factura a este régimen.
Pero los verdaderos héroes de esta jornada son esos anónimos, quienes están desde tempranas horas en las mesas electorales, como testigos y vigilantes del voto, que se respeten los resultados finales. Son ellos los que están dando la cara, con la esperanza que aún se puede contra una dictadura todopoderosa. Son ellos, quienes hoy, allá, a más de 6 mil kilómetros de distancia están dando la pelea por cada uno de nosotros, quienes nos hinchan el corazón de orgullo patrio, de ser venezolanos, de haber nacido en esa tierra maravillosa que hoy vive sus días más aciagos. Pero a pesar de ello, siguen en pie, sin dar cabida al desánimo.

Quiero que el mundo entero gire su mirada hacia ellos, a ese pueblo que insiste y persiste. Sepan cuánto les admiramos. Estas letras van por cada uno de ustedes, muy en particular por mis sobrinos amados, LD, Gabo, Manu, Leo... porque les debemos esto y más.