Frontera Colombo-Venezolana Julio 2016 |
En la última semana, tanto los medios de comunicación como
las redes sociales han estado llenas de imágenes de venezolanos cruzando los
puentes Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, que dividen la frontera
Colombo-Venezolana.
Se estima que por día han pasado unas 30,000 persona en la
búsqueda de víveres, alimentos básicos y medicinas. Se dice también que un 15%
de ellos no ha vuelto a una Venezuela, un país que vive su momento más aciago
en toda su historia republicana.
Entretanto, hasta hace muy poco, de este lado del Atlántico
luego de una campaña electoral poco ortodoxa, los españoles se preguntaban
hasta cuándo Venezuela era un tema que llenaba las noticias y no tanto el día a
día de lo que ocurre a sus ciudadanos. Luego de ello, no entienden cómo de un
plumazo ha desaparecido de la boca de los políticos. Y es que Venezuela
pareciera un tema fuera de lugar para el incrédulo, o quien desconoce parte de
la historia ha unido a los dos países.
Aparte del financiamiento que han recibido quienes ahora
forman parte de Podemos a través de CEPS, lo que ha sido probado hasta por el
Parlamento Venezolano, antes Congreso de la República y ahora Asamblea Nacional
(AN). La relación entre ambos países existe no sólo por el Descubrimiento y la Conquista,
sino que hay hechos mucho más cercanos. Desde mediados del siglo XX y por unas tres
décadas, Venezuela fue el destino para más de 1,000,000 de españoles que le
tomaron como segundo hogar, sirvió refugio para ellos y soporte para quienes
vivían en una España recién salida de la postguerra y en plena dictadura
franquista. Así pues, en ese país sumido ahora en desabastecimiento y miseria,
hay mucho más que los 200,000 connacionales que ha mencionado el Gobierno en
funciones. Unos españoles que en un momento determinado podrían solicitar “asilo”
en su propio país.
Los cierto es que durante 17 años de CastroChavismo, el
sistema productivo y empresarial fue acabado a través de la llamada
expropiación, que realmente fue confiscación y robo de los bienes privados (incluyendo
los de esos hispanovenezolanos). Destruyendo una red que en algunos rubros
cubría las demandas del venezolano, en otros una parte de ellas y algunas eran
objeto de exportación.
Adicionalmente, en un hecho sin precedentes para la vida de
Colombia y Venezuela, la frontera fue cerrada durante 11 meses. A inicios julio,
después de la actuación de más de 500 mujeres contra la Guardia Nacional en el
Puente Simón Bolívar, la frontera fue reabierta, para asombro de muchos y
beneficio de pocos. Pero, esas más de 150,000 personas que han logrado llegar a
territorio colombiano a la fecha de hoy ¿Cuánto han tenido que ahorrar para
ello? ¿Cuánto tiempo les puede durar el litro de aceite, el paquete de papel
sanitario, el kilo de arroz o las galletas para los hijos? ¿Quién o quienes se benefician de todo cuanto
ocurre? ¿Por qué se permite ahora este paso?
Si pensamos fríamente e intentamos responder estas y otras
muchas preguntas podríamos toparnos con una realidad terrible.
Mientras tanto, muchos en la Venezuela de la Revolución
“bonita” mueren en las colas buscando medicamentos para sus enfermedades
crónicas, como hipertensión diabetes, hipotiroidismo, o hasta cáncer, pasando a
ser parte de una fatídica estadística, que nadie toma en cuenta. Otros fallecen
en manos del hampa, estimándose unos 28,000 al año. Porque para el venezolano
común nada ha cambiado, y todo, aunque parezca imposible va a peor.
Volvemos a las preguntas, y me quedo con las dos últimas. Y
es que para los ojos de esta exiliada, pareciera una jugada propia de los
maestros del ajedrez, cuyo tablero se sostiene desde la Isla de la felicidad y
mueven los hilos de una “paz sin paz” que se acuerda en La Habana, callando las
voces de los venezolanos, muchos ahora preocupados por llegar a la frontera,
para pasar a formar parte de esas 60 personas por minuto que ingresan al Norte
de Santander. Todo va ocurriendo bajo la atenta mirada de las FARC, quienes
controlan amplios territorios en Colombia y Venezuela, con pactos conocidos con
el CastroChavismo.
En la medida que busco respuesta a mis preguntas, otras dudas
me van asaltando en el camino. Si no es
permitido el uso del bolívar fuera de las fronteras de Venezuela, por el
control de cambio instaurado por Chávez en 2003 ¿Quién permite el “cambio bolívar-peso”?,
¿Cómo se gestiona ese cambio y quién lo administra?
Y es que lo que voy narrando no forma parte del “realismo
mágico” iniciado en los libros de Arturo Úslar Pietri. Para quienes están lejos
del día a día del venezolano, puede que todo esto parezca un mundo kafkiano,
que lo es. Pero aparte de ello, debemos remontarnos días atrás, cuando Shannon,
representante de Obama, y Rodríguez Zapatero, como delegado de la Unión Europea
(recuérdese), se reunieron con Raúl Castro y se delega en el General Vladimir
Padrino solucionar el “problema del desabastecimiento” en Venezuela. Padrino
pasa a ser el poder tras un Maduro, quien es poco más que una marioneta en
Miraflores (nombrado por Chávez y los Castro como sucesor del primero).
Entonces es aquí cuando la “revolución” muestra una cara más amable en plenas
horas bajas, reabre las fronteras, dialoga con la Mesa de la Unidad Democrática
(MUD) y la AN, desde diciembre en manos de la oposición. Digamos, como si se
iniciara una transición sin transición, porque seguirán gobernando los Castro,
esta vez con la venia de USA y la UE, los mismos de la paz sin paz en Colombia.
Pero que no se nos olviden las imágenes de los hospitales
sin insumos, los anaqueles sin víveres, las farmacias sin medicinas, o la de
miles de venezolanos cruzando la frontera.
En esta ocasión la movida es de un caballo. La siguiente,
¿tocará un peón?
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