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miércoles, 28 de mayo de 2014

...cómo me dueles, España

Tenemos un problema... esto de no aprender en experiencia ajena es mucho mas que un dicho popular, es una situación que nos lleva a repetir errores ocurridos a otros, que pueden conllevar a graves consecuencias.
He observado todo lo que ha venido aconteciendo estos últimos meses, o mas bien años. Y de manera constante, hasta cansina he de confesar, digo y repito aquello de "no creer en encantadores de serpientes".

El otro día lo recordaba con mi madre, nos llamaron ignorantes a quienes no apoyamos dos intentos de golpes de estado en Venezuela, con saldos de militares y civiles muertos en el año 1992. 
No creemos en "golpes de estado" quienes hemos nacido y crecido en democracia, o quienes han luchado por ella.

En Venezuela se ha instaurado una tiranía, un régimen totalitario desde hace mas de 15 años. Antes de llegar al poder en 1999, Hugo Chávez vendió un discurso que enamoró a muchos, entre ellos grandes pensadores, personas de alta talla moral, empresarios que apostaron por una nueva patria que se deslastrara de tanta corrupción, que había invadido hasta los rincones mas profundos de las instituciones. 
Lo que muchos desconocían, o no quisieron creer o ver, fue el pacto previo que había gestado Chávez con Fidel Castro y su "revolución", que ha llenado de miseria a un pueblo que no lo merece, Cuba. Muchos nos decían que Venezuela no era Cuba y que nosotros no nos dejaríamos implementar un régimen de ese calibre, que éramos un pueblo distinto, que lucha.

Actualmente Venezuela vive un presente aciago. La Venezuela que queríamos, la que sí existió alguna vez, aun estaba en medio de la corrupción en democracia, con pinceladas, pero se podía apreciar, ese país permitió que llegaran golpistas que no fueron indultados, porque nunca tuvieron un juicio, fueron perdonados y pudieron participar en elecciones en esa democracia. 
Ese país lo tenemos algunos en la memoria, en nuestra historia contemporánea, pero es actualmente una colonia de unos dictadores sanguinarios que le tienen como su gran proveedora de petróleo, poder y dinero. Han ido exportando un modelo fracasado, porque lleva a la miseria y opresión al pueblo. Han minado, expropiado, usurpado todas y cada una de las instituciones en Venezuela y en otros países de América Latina, mientras, desde el resto del mundo se le sigue "admirando", aun no se por qué.

Ahora, observo cómo España, un país, lleno de desencanto, asqueado por un poder político que muestra día a día su corrupción, pasa a ser el perfecto caldo de cultivo para esos "encantadores de serpientes", siempre al acecho... que mencionan a Chávez como el nuevo Bolívar, le llaman "Comandante Supremo". Alaban un régimen que estos últimos meses ha mostrado su peor cara, la censura al máximo, el asesinato constante, la tortura incluso a menores de edad. La represión brutal ante la protesta por un sistema que no funciona, que tiene a un país supuestamente "rico" sumido en la miseria, una nación que se auto abastecía en mucho, que recibió a tantos que huían de las dictaduras mas terribles en ambos lados del Atlántico, pero que hoy olvidan que tienen coterráneos sufriendo las calamidades en ese trópico, en medio del Caribe.
Esos que alaban ese régimen sanguinario y genocida, que atenta día a día contra los DDHH, los "defienden" a ultranza en éste, el suyo, continuando con aquello del "doble discurso". 

No solo el mas de un millón de venezolanos que hemos tenido que salir fuera de nuestra casa, nuestra patria hacia otros países, tenemos la responsabilidad enorme de denunciar lo que allí ocurre cada día. También ésta responsabilidad es de cada uno de los ciudadanos del mundo que creen en la democracia. Lo es de cada uno de los países cuyos ciudadanos fueron recibidos como uno mas. Lo es de los líderes políticos, de los gobernantes que creen en la democracia como el mejor camino, no perfecto pero si perfectible. 

Veo con preocupación lo que está pasando en España, porque la historia puede repetirse, y está en nosotros que ello no ocurra.

Creo que diferentes voces han de escucharse, creo que esa pluralidad enriquece, pero siempre escuchando y observando atentamente, sin perder el norte, de esa democracia que todos queremos. Con la separación de poderes, con la contraloría de los mismos, donde los primeros contralores hemos de ser los ciudadanos. 
Si alguien piensa que alguno es de nueva factura, ha de revisar su historia reciente, de dónde vienen, quienes le financian, cómo se han estructurado, estoy segura que estamos llenos de "asuntos" que sorprenden a los más escépticos.

No podemos creer en "encantadores de serpientes", la historia está llena de ellos, y las consecuencias nefastas. Eso está escrito, no "podemos ni debemos" dejar que nos vendan como oro lo que es una baratija. Pero tampoco menospreciar la inteligencia y astucia de nadie. 

Aquí todos somos necesarios. En este mundo que ahora es mas "mundo" y la fronteras son cada vez mas líneas inventadas. Pero sin dejar de desconocer y cumplir unas leyes, si queremos exigir que otros también lo hagan.


Gran parte de lo que soy está del otro lado del Atlántico, crecí comiendo mangos y cambures, tomando jugo de guanábana, entre playas paradisíacas y montañas de nieves eternas. Quzás sea cierto que esta "visión globalizada" de la vida me de una perspectiva diferente de lo que ocurre y lo que vivo, pero no me aísla de mi día a día, tal vez ese realismo mágico esté siempre presente. 

... pero cómo me dueles España... 




domingo, 20 de octubre de 2013

Venezuela, te quiero de vuelta

Recuerdo perfectamente todas las clases de historia que me dieron mis profesores y maestros, y las mejores, LAS DE MI PADRE, donde nunca se mencionó que el pensamiento de Bolívar estuviera acorde con algo semejante a lo que está ocurriendo en Venezuela y en America Latina en general...
Y es que no creo en un sistema donde se hace lo que una sola persona piensa y dice, donde un hombre por caprichos megalomaníacos ha decidido cambiar nuestro país y nuestra historia.
No creo en un régimen que siembra miseria, divisiones y odios, que irrespeta al que piense distinto, veta y encarcela al que lo dice y arremete al que actúa diferente. No creo en un sistema donde la magnitud de la corrupción es hoy sólo superada por la impunidad con la que operan los corruptos de su régimen.
No creo en quien gracias al petróleo se pueden dar el lujo de ocultar que han devastado nuestra economía a pasos agigantados, que juega con una inflación de las más altas del mundo para sembrar su régimen de pobreza. 
No creo en un régimen que menosprecia a sus ciudadanos, a sus universidades y prefiere llevar a los puestos de trabajo a extranjeros con la firme intención de controlar a todos y a todo.
No creo en un régimen que se alimenta de la injusticia, se ampara en la impunidad, se crece con la inseguridad, paga por alterar el orden público, financia la anarquía.

No quiero tener que avergonzarme día a día de lo que hace y dice el gobernante de mi país, donde la barbarie ha suplantado el pensamiento instruido, los resentidos y delincuentes se han arrimado a un régimen militar y han sacado gruesas tajadas de la rebatiña de un país, y ya buchones, no paran de comprar conciencias de aquellos que les interesa que este régimen siga.
No quiero tener que avergonzarme continuamente de un gobernante que ha entregado un país a los regímenes más sanguinarios y dictatoriales, como el castro-comunista y el iraní, y que ha traicionado su patria por sus ansias de poder absolutista.
Quiero de vuelta el país de contrastes y de mestizos, ese país de 3000km de costas caribeñas, de montañas con nieves eternas, de llanuras infinitas, de sabanas con tepuyes y selvas de verdes embriagadores. 
Quiero mi país con su gente, de acento dulce, de vida alegre, mente y corazón abierto, donde el que llega se adopta como propio. 
Quiero un país donde el petróleo no se use como arma para comprar almas y pueblos, donde nuestros bienes no sean usados como la hacienda particular del gobernante de turno.
Quiero a mi país, que respetó siempre a la soberanía de los pueblos, y era una consigna desde Miranda, Bello, Rodríguez, Páez, Bolívar. 
Venezuela, ¿que te hemos hecho?... ¿dónde estas?? ¡Te quiero de vuelta!